En 2026, las metas ESG dejaron de ser un elemento decorativo en los informes corporativos para convertirse en una exigencia concreta del mercado. Inversionistas, clientes, reguladores y cadenas de suministro piden cada vez más evidencia real de reducción de emisiones, trazabilidad ambiental y capacidad de transición energética. En ese contexto, el HVO, también conocido como diésel renovable o hidrobiodiésel, está ganando protagonismo como una herramienta práctica para reducir la huella de carbono sin frenar las operaciones.
El atractivo del HVO para las empresas no radica solo en que sea un combustible renovable, sino en que permite actuar ahora. A diferencia de otras soluciones de descarbonización que requieren sustituir vehículos, electrificar instalaciones o desarrollar nueva infraestructura, el HVO puede utilizarse como reemplazo del diésel en muchos motores y equipos existentes. Viva Energy explica que, por su composición química similar al diésel derivado del petróleo, el HVO puede integrarse en maquinaria y tanques de almacenamiento sin necesidad de modificaciones, ya sea como sustituto total o en mezcla.
Esa facilidad de adopción es especialmente relevante para el componente ambiental del ESG. Muchas empresas tienen la mayor parte de sus emisiones operativas en actividades difíciles de electrificar en el corto plazo, como transporte pesado, construcción, generación de respaldo, agricultura o maquinaria industrial. Si esos activos siguen consumiendo diésel fósil, la empresa puede tener metas climáticas ambiciosas sobre el papel, pero pocos avances reales en el terreno. El HVO reduce esa brecha porque ofrece una vía de transición inmediata para recortar emisiones sin reconfigurar toda la base operativa.
Uno de los argumentos más fuertes para su adopción está en la reducción potencial de gases de efecto invernadero. Viva Energy señala que el HVO elaborado a partir de residuos y desechos, como aceite de cocina usado o grasas animales, puede evaluarse como capaz de ofrecer reducciones promedio de hasta 90% en emisiones well-to-wheel frente al diésel convencional. RD2Go, en una explicación reciente sobre huella de carbono, también destaca una reducción de ciclo de vida de hasta 90% frente al diésel fósil, y subraya que esa es la métrica más útil para organizaciones que reportan contra estrategias net zero y trayectorias basadas en ciencia.
Esto conecta directamente con la letra “E” de ESG, pero también con los mecanismos de reporte. La reducción de emisiones no solo mejora el desempeño ambiental, sino que facilita la elaboración de inventarios de carbono más sólidos y defendibles. En esquemas de reporte corporativo, como los marcos de emisiones directas, el cambio de diésel fósil a HVO puede reflejarse como una disminución fuerte del impacto asociado a combustión, mientras que en reportes de ciclo de vida o metas de cadena de valor aporta una mejora sustancial frente a combustibles fósiles.
Para muchas empresas, el primer frente donde el HVO genera valor ESG es el Scope 1. Certas Energy explica que, para administradores de flotas, las emisiones directas son una parte crucial porque están bajo control de la empresa, y señala que cambiar una flota diésel por HVO puede recortar las emisiones de GEI del ciclo de vida hasta en 90%. Glencar, una firma del sector construcción, afirmó que su transición a HVO en todos sus sitios activos estaba orientada a reducir Scope 1 y estimó una baja de más del 90% en esas emisiones cuando todos los proyectos operaran con ese combustible.
Ese efecto inmediato es importante porque muchas compañías tienen metas de corto plazo que no pueden esperar a 2035 o 2040 para mostrar avances. Necesitan demostrar resultados anuales, reducir intensidad de carbono por unidad de ingreso o de producción, y presentar planes creíbles frente a auditores, accionistas y clientes. El HVO encaja bien en esa lógica porque convierte una decisión operativa relativamente simple, como cambiar el combustible de una flota o de equipos auxiliares, en un impacto visible sobre indicadores climáticos.
Pero el verdadero alcance ESG del HVO va más allá del Scope 1. En la actualidad, muchas empresas grandes son evaluadas también por su capacidad de ayudar a clientes y socios a reducir emisiones en cadena. Kuehne+Nagel lanzó una solución de Book & Claim para HVO en logística por carretera precisamente con esa lógica: permitir que los clientes que compran HVO reduzcan emisiones en sus cadenas de valor, apoyando al mismo tiempo los objetivos basados en ciencia de la empresa y acelerando la descarbonización del transporte. Esto muestra que el HVO también puede convertirse en una herramienta comercial para apoyar la reducción de Scope 3 de clientes corporativos.
Desde la perspectiva de gobierno corporativo, esto importa mucho. Los directorios y comités de sostenibilidad ya no miran solo emisiones absolutas, sino también la capacidad de la empresa para responder a exigencias del mercado con soluciones verificables. Un combustible como el HVO, especialmente cuando viene acompañado de certificación y trazabilidad, permite construir políticas climáticas más robustas y menos dependientes de promesas tecnológicas futuras. Viva Energy destaca que su HVO cuenta con certificación ISCC Plus y con declaraciones o pruebas de sostenibilidad que permiten rastrear y verificar las credenciales de gases de efecto invernadero del producto.
La trazabilidad es una pieza central del ESG moderno. Ya no basta con decir que un producto es “más verde”; hay que demostrar su origen, su metodología de cálculo y sus criterios de sostenibilidad. El esquema ISCC mencionado por Viva Energy crea y verifica cadenas de suministro trazables, libres de deforestación y sostenibles, y utiliza la metodología de la Directiva Europea de Energías Renovables para comparar emisiones well-to-wheel del HVO frente al diésel fósil. Para una empresa que prepara informes no financieros o responde cuestionarios de clientes e inversionistas, esta validación externa añade credibilidad.
Otro punto clave es que el HVO ayuda a convertir objetivos ESG abstractos en iniciativas operativas concretas. Muchas empresas tienen declaraciones amplias sobre neutralidad de carbono, economía circular o logística sostenible, pero les cuesta traducir esas ideas en acciones de implementación rápida. El HVO soluciona parte de ese problema porque ofrece una intervención directa, medible y replicable en flotas, centros logísticos, obras, grupos electrógenos y equipos móviles.
Ese carácter práctico también fortalece la dimensión social del ESG. Aunque el debate suele concentrarse en carbono, el HVO puede contribuir a reducir otras emisiones nocivas en ciertas aplicaciones. RD2Go señala reducciones consistentes de material particulado y destaca que eso puede ser especialmente importante en entornos cerrados o sensibles, como minería, túneles o generadores en centros de datos, donde la exposición al diésel tiene implicancias para salud y seguridad laboral. Menos partículas y una combustión más limpia pueden mejorar condiciones de trabajo y respaldar políticas corporativas ligadas al bienestar ocupacional.
También hay un beneficio reputacional claro. En sectores intensivos en activos, adoptar HVO permite enviar una señal tangible de compromiso ambiental sin interrumpir el negocio principal. Mammoet, por ejemplo, comunicó su implementación de HVO en Países Bajos, Reino Unido y Canadá dentro de un programa más amplio de reducción de carbono, destacando que la inversión respondía a una demanda creciente de soluciones de menor huella por parte de sus clientes. DSV señaló algo similar al presentar el uso de HVO como parte de sus compromisos net zero y como una ventaja estratégica en un mercado donde la sostenibilidad se ha vuelto un diferenciador para clientes e inversionistas.
Aquí aparece una conexión directa entre ESG y competitividad. Cuando una empresa puede ofrecer transporte, construcción o servicios industriales con una huella de carbono menor, gana argumentos en licitaciones, contratos globales y negociaciones con clientes que deben cumplir sus propios objetivos climáticos. El HVO permite a esas compañías presentar una propuesta de valor más fuerte sin modificar radicalmente su estructura operativa.
Otro aspecto relevante es que el HVO facilita una transición escalonada. Algunas empresas ya están electrificando parte de sus operaciones, pero no todas las rutas, máquinas o activos pueden migrar al mismo ritmo. Kuehne+Nagel afirmó de forma explícita que considera al HVO una solución puente mientras mantiene a los vehículos eléctricos de batería como foco futuro para descarbonizar la logística por carretera. Esta visión es muy útil dentro de una estrategia ESG seria: no se trata de presentar al HVO como solución única, sino como una palanca inmediata dentro de una hoja de ruta más amplia.
Eso mejora la gobernanza climática porque ayuda a priorizar decisiones por horizonte temporal. La empresa puede electrificar donde ya es viable, usar HVO donde necesita una reducción inmediata sin sustituir activos y seguir invirtiendo en tecnologías de largo plazo para el resto de la operación. Restore, por ejemplo, comunicó la introducción de HVO junto con el avance paralelo en vehículos híbridos y eléctricos, mostrando cómo distintas soluciones pueden convivir dentro de una estrategia de sostenibilidad más amplia.
Por supuesto, el uso de HVO no resuelve todo por sí solo. Su impacto real depende de la materia prima, la trazabilidad del suministro, la metodología de cálculo y la disponibilidad local. Algunos análisis recientes han cuestionado las credenciales ambientales de ciertos flujos de HVO y biodiésel, lo que recuerda que las empresas deben hacer debida diligencia y no asumir que todo combustible renovable tiene automáticamente el mismo valor ESG.
Por eso la implementación responsable requiere criterios claros. La empresa debe priorizar HVO procedente de residuos y desechos verificados, exigir certificaciones reconocidas, documentar correctamente las reducciones well-to-wheel y comunicar con precisión la diferencia entre emisiones directas, ciclo de vida y metas de cadena de valor. Cuanto más riguroso sea ese proceso, más sólido será el beneficio ESG y menor el riesgo de greenwashing.
En términos prácticos, el HVO ayuda a las empresas en cinco frentes al mismo tiempo. Reduce emisiones operativas de manera rápida, mejora la calidad del reporte climático, permite ofrecer soluciones de menor carbono a clientes, fortalece la narrativa corporativa frente a inversionistas y facilita una transición ordenada hacia modelos energéticos más limpios. Esa combinación explica por qué está ganando espacio en sectores donde las metas ESG chocaban hasta hace poco con la realidad técnica del diésel.
En definitiva, el valor del HVO dentro de una estrategia ESG no está solo en el combustible, sino en lo que desbloquea. Permite pasar de compromisos abstractos a reducciones medibles, de declaraciones reputacionales a acciones operativas y de metas lejanas a avances visibles en el presente. Para empresas que necesitan reducir huella de carbono sin detener su actividad, esa capacidad de ejecución inmediata es justamente lo que convierte al HVO en una herramienta tan relevante en 2026.